La Respuesta a este Acertijo te Dejará Sorprendido

Ago 2, 2018 | 0 Comentarios

Cuenta una leyenda que hace muchos, muchos años hubo un monasterio aislado de las gentes que se encontraba cerca del monte Fuji, el pico más alto de la isla de Honshu, a la par que el de todo Japón.

Allí, en los pies de la sagrada montaña volcánica, un grupo de monjes llevaban una apacible vida de retiro. Vivían en paz y armonía y se sentían dichosos de tener junto a ellos al volcán protector de la isla. Pero un día su paz se vio turbada, pues Sauta, conocido como Sauta el bravo, uno de los monjes guardianes, amaneció sin vida.

Los miembros de la congregación oficiaron las ceremonias pertinentes con honras al difunto y terminado el sepelio se dieron cuenta de que tenían un problema: era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del guardián. Era un tema complejo pues nadie era tan valeroso, aguerrido y fuerte como el difunto Sauta, y además ninguno de aquellos monjes deseaba la llegada de un extraño ajeno al monasterio.

Viendo aquella complejidad a la hora de poder tomar una decisión correcta, Ayumu, el Gran Maestro del monasterio, convocó a todos los discípulos para determinar quién ocuparía el honroso puesto de guardián.

Una vez todos los monjes estuvieron reunidos en la sala de oración, Ayumu, con suma tranquilidad y calma, colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala. Todos los monjes miraban expectantes, y entonces el Gran Maestro situó sobre la mesa un bello y delicado jarrón de porcelana y en él una rosa amarilla de extraordinaria belleza. Y dijo:

-He aquí el problema. Asumirá el puesto de honorable guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva.

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. Los monjes se quedaron como petrificados, intentando analizar la situación. El Gran Maestro parecía retarles a un Koan o máxima de gran sabiduría. Por su formación se sentían obligados a meditar sobre él y, tras la pertinente reflexión, ofrecer una solución.

Pasaban los minutos y los monjes, en silencio,  a veces mirándose unos a otros o dirigiendo sus ojos a Ayumu, que permanecía en posición de flor de loto, se preguntaban qué representaba el jarrón, qué significaba la flor y, lo más importante, qué era lo más adecuado decir o hacer.

Transcurrida casi una hora de reflexión y viendo que nadie hablaba, el Gran Maestro abrió los ojos, miró a sus discípulos y les dijo:

-¿Tenéis alguna pregunta?

-¿Qué simboliza el jarrón, Gran Maestro? –dijo uno.

-¿Cuál es el enigma que encierra la bella flor puesto que representa un problema? –preguntó otro.

-¿Puede la flor representar la tentación? –preguntó un tercero con inquietud.

-¿Por qué es un problema, Gran Maestro? –se manifestó el más joven de los monjes.

El Maestro se los quedó mirando y les dijo:

-Hace una hora que meditáis sobre mi planteamiento, me pregunto cómo es posible que todavía tengáis tantas preguntas al respecto de cómo resolver el problema.

Justo en ese momento, Hayate, conocido como el monje hábil, se puso en pie y caminó hacia el centro de la sala. Se detuvo junto a la mesita sobre la que estaba el jarrón con la flor. Sacó una espada, miró al Gran Maestro, luego a sus hermanos monjes, y después destruyó el jarrón de un solo golpe. Acto seguido envainó su arma y regresó a su lugar a su lugar, ante la estupefacción del resto.

En ese momento el Gran Maestro se puso en pie mostrando un brillo de alegría en sus ojos.

-Nuestro hermano Hayate el hábil no solo ha meditado y pensado sobre el problema, también se ha atrevido a dar una solución y por supuesto a solucionarlo. Honremos a nuestro nuevo guardián del monasterio.

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