Esto puede parecer realmente astuto, pero cuando ves lo que pasa justo después… ¡Yo no me lo esperaba!

Oct 14, 2018 | 0 Comentarios

Un lobo que vivía en el bosque estaba cansado de tener que trabajar para conseguir comida, por lo que se pasaba los días intentando encontrar la forma de que su tarea fuera más sencilla. Cierto día, halló un árbol que tenía unas hojas muy particulares, y se quedó observándolas. Mientras prestaba atención pudo oír al árbol hablar. El lobo se asustó y dijo:

-Esta es la primera vez que veo algo tan extraño como un árbol que habla. –

En cuanto acabó de decir la frase, recibió un fuerte golpe, que no alcanzó a ver de dónde provenía, y quedó inconsciente. Cuando se despertó, sin saber cuánto tiempo había pasado, se levantó asustado y empezó a correr. Sin embargo, mientras estaba en la seguridad de su guarida, se puso a pensar acerca de lo ocurrido y cayó en la cuenta de que podía usar el árbol para su provecho. Salió de su cueva y se encontró a una gacela. Le contó que había descubierto un árbol parlante, pero la gacela no le creyó.

-Yo te llevaré donde ese árbol fantástico. Ven conmigo y tus propios ojos lo podrán ver. Pero debes saber algo: …

si no quieres morir mientras lo miras, debes decir estas palabras: «Esta es la primera vez que veo algo tan extraño . como un árbol que habla».

El lobo y la gacela fueron juntos hasta el árbol en cuestión. La gacela dijo:

–Aunque no te creía, tenías razón, lobo. Esta es la primera vez que veo algo tan extraño como un árbol que habla.–

En cuanto dijo la frase, algo la golpeó y la dejó inconsciente. Preparado, el lobo arrastró a la gacela hasta su cueva para comérsela. El lobo estaba feliz: «Todos mis problemas han desaparecido. Con este árbol comeré todos los días hasta saciarme», se dijo. «Soy tan inteligente que nunca más tendré que trabajar para conseguir alimento», pensó.

La primera enseñanza que nos deja este cuento es que quienes son astutos no se valen sólo de su astucia, sino de aquellos que, siendo crédulos, confían ciegamente en quien, quizás, no deberían.

Durante los días que siguieron, el lobo continuó engañando con la misma estratagema a diferentes animales del bosque. Todos, indefectiblemente, caían en la trampa que el lobo les tendía: los llevaba hasta el lugar, les hacía decir la frase, y así los cazaba. El lobo estaba orgulloso de sí mismo y confiaba plenamente en su capacidad para explotar para siempre su «descubrimiento».

Cierto día, la que se cruzó en su camino fue una liebre. Aunque no era una presa muy grande, si parecía apetitosa, por lo que el lobo no se lo pensó dos veces y le conté la historia de árbol que hablaba. _

-Querida liebre, ¿sabes una cosa? He visto algo que ni tú ni tus antepasados habéis visto jamás. Y si prometes no contarlo a nadie más, te lo enseñaré.

– ¿De qué se trata? -preguntó la liebre.

-He descubierto en el bosque un árbol que habla –dijo el lobo.

Ante la curiosidad de la liebre, se ofreció para llevarla a ver ese árbol parlante. Le dijo que cuando lo viera debía decir la famosa frase «Esta es la primera vez que veo algo tan extraño como un árbol que habla», y la liebre prometió hacerlo. Fueron juntos hasta el lugar. Cuando se acercaban al árbol el lobo Ie dijo:

–Recuerda lo que te he contado. —

– ¿Qué me contaste? -dijo la liebre.

-Que cuando lleguemos, debes decir: «Esta es la primera vez que veo algo tan extraño como un árbol que habla». De lo contrario, morirás.

-iClaro que lo recuerdo! -dijo la liebre-. ¡No te preocupes!

En cuanto vio el árbol, la liebre comenzó a hablarle:

-¡Eres el árbol más hermoso que he visto nunca! ¿Es cierto que puedes hablar?

-iNo, no! -dijo el Lobo-. Recuerda lo que debes decirle.

-¡Oh! Lo siento -dijo la liebre-. ¡Oh!, árbol, jamás he visto un árbol tan maravilloso. Eres el más bonito que he visto nunca.

-¡No, no! -dijo el lobo-. No un árbol maravilloso, es un árbol parlante. Te dije que tenías que decir que ésta es la primera vez que ves algo tan extraño como un árbol que habla.

En cuanto dijo estas palabras, algo golpeó la cabeza del lobo y éste cayó inconsciente.

-Así que éste era el plan del lobo -dijo la liebre, mientras se alejaba-. Este se creía que hoy comería liebre, pero se ha equivocado. Su plan no era tan bueno como él pensaba.-

La liebre se fue y se ocupó de contar a todos los animales del bosque el secreto del árbol que hablaba y qué frase debían evitar decir si no querían caer inconscientes.

El lobo nunca más pudo conseguir la comida sin luchar por ella.

El problema con las mentiras es que, normalmente, tienen patas cortas. Quienes caen en sus trampas llegan, tarde o temprano, a la verdad. El lobo cayó en la trampa de su propio descubrimiento: en lugar de cazar para comer como cualquier otro, se creyó más astuto, pero no lo fue tanto como para evitar que el simple despiste de la liebre, que no siguió sus consejos a pies juntillas, desbaratara su plan.

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